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01Prólogo: Desahogando tu frustración en el green, cuando te giras hacia el caddie.
El hoyo 10, justo en medio de la calle. Un golfista de mediana edad, que acababa de mandar su golpe de salida al rough, regresa a su carrito y murmura un comentario molesto: «Oye, ¿por qué sujetabas el palo así antes?». El caddie, que está a su lado, guarda los palos y se prepara para el siguiente hoyo sin decir palabra, con una expresión que parece acostumbrada, pero que no es para nada agradable.
Francamente, no lograr un hándicap de un solo dígito no suele ser culpa del caddie. En última instancia, son las propias manos y el cuerpo del jugador los que eligen el palo y ejecutan el swing. Sin embargo, en los campos de golf nacionales, todavía es común que se culpe al caddie por un golpe fallido. Detrás de este peculiar desequilibrio de poder se encuentra la "tarifa del caddie", una estructura que parece sencilla en apariencia, pero que resulta bastante engañosa al analizarla detenidamente.
A primera vista, las tarifas de los caddies son claras. Se fijan entre 120.000 y 150.000 wones por equipo, lo que equivale a entre 30.000 y 40.000 wones por persona si se divide entre un equipo de cuatro. Hasta este punto, parece un sistema de precio fijo. Sin embargo, las reglas no escritas que rigen en el campo revelan otra capa oculta tras este sistema de precio fijo.
A diferencia de los medios de comunicación existentes, que dependen de la publicidad de las grandes corporaciones de campos de golf y no cubren historias tan incómodas, Club14 examina la realidad de la cultura de las propinas y el desequilibrio de poder que se esconde tras las tarifas de los caddies tal como es.
02Precio aparentemente fijo, pero no lo es: la práctica de la "tarifa exprés" oculta tras las tarifas de los caddies.
En el mundo del golf, es común escuchar que la costumbre de dar una propina adicional a la tarifa fija del caddie sigue muy arraigada en la cultura de algunos campos. No hay nada de malo en dar una propina voluntariamente después de una ronda como muestra de agradecimiento por un servicio satisfactorio. Sin embargo, hay bastantes reseñas que indican que, en realidad, existe la expectativa implícita de que "debes dar una propina para que el caddie examine con más detenimiento las líneas del green y te ayude meticulosamente con la selección de palos".
Por otro lado, también hay quejas de que el servicio parece empeorar considerablemente si no se da propina. Claro que esto es solo una anécdota personal y no se aplica a todos los caddies ni a todos los campos de golf. Sin embargo, algunos señalan que el hecho de que estas historias se comenten repetidamente demuestra que existe una práctica no oficial de cobrar una "tarifa extra" además de la tarifa fija nominal del caddie.
Los caddies también sienten una profunda injusticia. Se encuentran en una situación laboral vulnerable donde exigir propinas conlleva inmediatamente ser tachados de "caddies abusivos", y una sola queja de un cliente puede resultar en la rescisión de su contrato. En definitiva, este incómodo tira y afloja por las propinas se ha convertido en una norma distorsionada que nadie estableció explícitamente, pero que todos siguen implícitamente, lo que incomoda tanto a caddies como a golfistas.
03El caddie es el desvalido, el golfista es el desvalido; al final, el único que sonríe es el campo de golf.
En muchos campos de golf de Corea, los caddies trabajan por contrato o como autónomos, en lugar de ser empleados fijos. Fuentes del sector informan de que, debido a que la estructura se basa en el reparto de comisiones en lugar de un salario fijo, una sola queja de un cliente puede conllevar la exclusión de futuros trabajos o incluso el traslado a otra empresa. En un sistema donde solo la amabilidad garantiza la supervivencia, los caddies a menudo tienen que acceder a exigencias irrazonables con una sonrisa.
Sin embargo, los golfistas tampoco gozan de una posición de poder. Deben pagar la cantidad exacta que el campo de golf establece para los caddies, y si a esto se le suma la costumbre implícita de dar propinas, la carga real sigue aumentando. En definitiva, en una estructura donde tanto caddies como golfistas se tratan con recelo, como subordinados, los críticos señalan que parece que solo los campos de golf que diseñan y operan este sistema obtienen beneficios estables sin asumir el coste real de la mano de obra de los caddies.
04La primera línea del trabajo emocional: personas que se enojan con los caddies.
Aunque se dice que el golf es un deporte mental, cuando el estado mental de un jugador flaquea, el primer objetivo suele ser el caddie, quien conduce el carrito en silencio y cuida los palos a su lado. En la comunidad de caddies, es común escuchar quejas sobre golfistas que dan instrucciones en un tono informal, se irritan cada vez que fallan un golpe o incluso alzan la voz como si desahogaran su estrés.
Por supuesto, esta relación no siempre es unilateral. También existen testimonios de golfistas que han sufrido la actitud arrogante o las exigencias irrazonables de algunos caddies. En definitiva, la conclusión común de quienes llevan tiempo observando este problema es que la esencia no reside en el carácter de individuos concretos, sino en la estructura misma, que opera basándose únicamente en la vaga convención de la "amabilidad y las propinas", sin mecanismos institucionales que protejan claramente el trato y los derechos de los caddies.
05Nota del editor: La puntuación es, en última instancia, mi responsabilidad.
Analicemos esto con objetividad. Es mucho más probable que mi fracaso al no lograr una puntuación de un solo dígito hoy se deba a mi propio criterio al elegir los palos equivocados, y no a la falta de consejos del caddie. Un caddie es un asistente, no el responsable de la puntuación. En el momento en que uno descarga su frustración por un golpe fallido en el caddie, la dignidad de esa ronda ya se ha derrumbado, independientemente del resultado.
Dar o no propina es una cuestión de elección personal, pero, como mínimo, no se debería usar a los caddies como válvula de escape para las emociones. Además, es hora de cuestionar la estructura operativa del campo de golf, que se ha centrado exclusivamente en el beneficio económico, ignorando este desequilibrio de poder tan distorsionado.
En el próximo número de [Off the Field], volvemos con "Los principales culpables de la era de las tarifas de green de 300.000 wones", que apunta directamente a la estructura de lucro de las principales empresas operadoras de campos de golf nacionales que crearon la era de las tarifas de green de 300.000 wones.

